“...en tiempos donde nadie escucha a nadie
en tiempos donde todos contra todos
en tiempos egoístas y mezquinos...”
Fito Páez, “Al lado del camino”
Nunca como ahora se aprecia tanto la congruencia y la dignidad. El sábado por la tarde, muchos Oaxaqueños nos enteramos de la noticia que surgía de la Capital de la República: la alianza en Oaxaca es un hecho. En lo personal, a pesar de conocer con información fidedigna de la concretización de este “frankenstein” político, no dejó de sorprenderme la noticia. Y es que hace 3 años y medio, hubiera sido imposible pensar que López Obrador hiciera alianza alguna, incluso la electoral, con el partido de Felipe Calderón, aún cuando en 2004 ya se había probado la fórmula. Mucho menos pensaba que el proyecto de coalición estaría diseñado y ejecutado por Andrés Manuel López Obrador, y que dócilmente los panistas de Calderón siguieran la línea.
Sin lugar a dudas algo está cambiando en México, desgraciadamente no para bien. El ejemplo que tomamos los jóvenes de esta alianza es funesto; ¿cómo poder ser merecedores del voto popular cuando estamos haciendo lo contrario para su beneficio? Esta interrogante encierra mucho de lo vivido en 2006: la gente que forma el grupo mayoritario y que votará en Oaxaca, después de los jóvenes, son los desempleados. Y es que cuando la APPO intervino en el escenario social muchos fueron las fuentes laborales que tuvieron que cerrarse; con ello, el desempleo en Oaxaca se disparó a niveles alarmantes. Esto originó un problema de inseguridad enorme. A la vez, la situación educativa empeoró-creámoslo o no, a pesar de que ya estaba por los suelos, empeoró-; la economía oaxaqueña basada en el turismo se hizo añicos. En esa coyuntura se celebraron las elecciones federales, hasta el día de hoy las más competidas de la historia, y fue el partido de López Obrador el beneficiario de esa desazón social: obtuvo los votos, curules, escaños y gubernaturas que jamás volverán a ver, al menos todo eso junto, como parte de un aplastante triunfo en contra del PRI y del PAN.
De ello se desenvolvió lo que hoy podemos tomar como una farsa, una telenovela: AMLO y sus partidos no reconocieron a Calderón. Una crisis de legitimidad que nunca se había visto, ni siquiera en 1988 con Carlos Salinas.
La realidad, aplastante, hoy es diferente. A la alianza opositora aun cuando le falta consistencia ideológica, se le nota como un ente sólido que es posible, desplace al PRI de la gubernatura del Estado. ¿Esta coalición, en realidad es fuerte?, ¿depende de quién sea su candidato? ¿Qué partido coaligado quedará mejor, al final de la elección? Quizás es muy pronto para obtener las respuestas, es necesario esperar en primer lugar, quien encabezará los esfuerzos del PRI por retener el gobierno, y en segundo lugar quien será el candidato de la Coalición. Como hace unas semanas, jugando con la imaginación, hoy creamos el escenario de lo más posible: la alianza postulará al Senador con licencia Gabino Cué Monteagudo.
La alianza con Gabino Cué se volvería frágil y llena de obstáculos propios. El Pasado de Cué no solo como Senador-su cargo más reciente-, más bien en toda su historia de funcionario público, es gris y poco transparente. Cuando fue PRIÍSTA, ocupó la Secretaria Técnica del Poder Ejecutivo bajo las órdenes de Diódoro Carrasco. Lo más notable de Cué en esta época fue su afición por los puros, y el gusto que se daba de tratar a gritos a su personal. Después en 2000, el mismo Diódoro Carrasco lo nombró subsecretario de medios en la Secretaría de Gobernación. Ahí su función fue la misma de siempre: hacer nada. En 2001 formó el Movimiento Ciudadano Por Oaxaca, con un aparato mediático sin precedentes. Desde inicio de ese año se gasto una cantidad exorbitante de dinero para hacer su campaña a Presidente Municipal, la que a final de cuentas ganó. Su función como Presidente Municipal se define en deuda pública, recursos desviados, problemas de basura sin resolver, amiguismo, compadrazgo, influyentismo. Este cargo le sirvió de trampolín para que en 2004 se presentara como candidato a Gobernador, formando la”Coalición por el Bien de Todos.” Perdió la elección contra Ulises Ruiz, pero no se conformó, siguió hasta sus últimas consecuencias a través de un proceso legal, que también perdió en dos instancias. El resultado de la coalición es bien conocido: Convergencia y el PRD dejaron solos a los del PAN en las deudas contraídas ante medios de comunicación. Un escándalo.
Ahora es Senador con licencia, electo en el turbulento 2006. Como Senador se le recuerda por su ausentismo y su baja, más bien nula productividad. En el primer año de la primera legislatura, se empecinó en darle el empujón final a Ulises Ruiz para que saliera del gobierno de Oaxaca. Cuando este asunto concluyó con la entrada de la PFP, Gabino se replegó a rumiar su cuarta derrota ante Ulises Ruiz.
En la popular red social Facebook, el grupo que promueve su campaña electoral denominado “S.O.S, RESCATEMOS OAXACA”, y que tiene como su principal “fan” al diputado Benjamín Robles Montoya, tiene muy bien definida la manera de hacer proselitismo: ni una sola propuesta, pero eso sí, muchos ataques. Si esta es la estrategia que la coalición tendrá para ganar, el PAN seguramente perderá más de lo que ambiciona. ¿Por qué?, muy sencillo, aun cuando AMLO reconociera a Calderón (algo sin lugar a dudas valioso para el PAN y Calderón) el PAN tendría que justificar a la APPO; aceptar como vía de distensión , el uso de la violencia por parte de estas personas, que se desató de mayo a noviembre de 2006; reconocer que la APPO tenía razón: con movimientos sociales es posible derrocar gobiernos legalmente constituidos; pero sobre todo, pondría en riesgo la doctrina panista, la moral, las buenas costumbres, lo que siempre la derecha ha defendido y la izquierda atacado.